Los psicólogos Christopher Davoli y Richard Abrams, de la
Universidad de Washington
en Saint Louis, Estados Unidos, han demostrado empíricamente, por vez
primera, que el poder de la imaginación es un poder real.
Según informa la
Association for Psychological Science de EE.UU. en un
comunicado,
de esta investigación se desprende que la imaginación es más eficiente
de lo que creemos a la hora de ayudarnos a alcanzar nuestros objetivos.
En un
artículo publicado al respecto en la revista Psychological Science, se explica que en un
estudio
realizado por el propio Davoli en 2007, se había constatado ya que los
objetos situados cerca de las manos los analizamos visualmente con mayor
intensidad.
En dicho estudio, los participantes debieron colocar sus manos
cerca de determinados objetos físicos para comprobar el análisis visual y
la eficacia de las respuestas del cuerpo hacia dichos objetos. Se
comprobó que la rapidez de la respuesta del cuerpo a los objetos
dependía de la cercanía o lejanía de las manos de los objetos
analizados: si las manos están cerca del objeto analizado, la reacción
corporal tarda más que si las manos están alejadas del citado objeto. Se
cree que esto se debe a la importancia de la representación visual para
poder asir o evitar los objetos cercanos a nuestras manos.
En la nueva investigación de Davoli, sin embargo, las posturas de
las manos –más lejos o más cerca de los objetos- no se adoptaron
físicamente, sino sólo con la imaginación. Sin embargo, a pesar de esta
significativa diferencia respecto del primer experimento, los resultados
no variaron, lo que según estos investigadores significa que imaginar
una postura da los mismos resultados que adoptarla realmente.
Tarea visual e imaginación
En las pruebas de esta última investigación participaron dieciséis
estudiantes que, en primer lugar, se ejercitaron en la práctica de
imaginar movimientos. Posteriormente, todos ejecutaron una tarea visual a
través de un ordenador, al tiempo que imaginaban sus manos en dos
posiciones diferentes.
En un momento del experimento, las manos se las imaginaban
situadas alrededor del monitor, como si los participantes fueran a
abrazar la pantalla con ambas manos (postura cercana), y en otro momento
del experimento, se imaginaban que sus manos estaban colocadas a su
espalda (postura alejada).
La tarea visual consistía en buscar, en la pantalla del ordenador,
una letra-objetivo (H o S) que se encontraba confundida en conjuntos de
tres o siete letras de distracción. A continuación debían avisar, con
la mayor rapidez posible, que la habían encontrado pulsando una tecla.
Antes de realizar este ejercicio, en la pantalla del ordenador
aparecía un aviso de tres segundos de duración que indicaba a los
participantes cuál de las dos posturas de las manos debían imaginarse
durante la tarea visual explicada.
Sin embargo, aunque se imaginaran las manos intentando abrazar la
pantalla del ordenador o situadas a sus espaldas, las manos permanecían
–en realidad- junto al teclado durante todo el experimento. En total
fueron realizados dos bloques de 64 pruebas.
Dar forma a la realidad
Los resultados demostraron que la mera imaginación de una de las
dos posturas afectaba a la velocidad de respuesta de una forma muy
similar a la obtenida en los estudios previos, con posturas de las manos
realmente efectuadas, no imaginadas.
Así, los participantes de esta segunda investigación pasaban más
tiempo buscando la letra-objetivo cuando se imaginaban sujetando el
monitor, en comparación con cuando se imaginaban a sí mismos con las
manos a la espalda.
Los investigadores sugieren que la mayor lentitud en las búsquedas
de la letra objetivo indica un análisis más minucioso de los objetos
que están cercanos a las manos, aunque esta postura sea sólo imaginaria.
De esta forma, se repitieron los resultados de la citada investigación
anterior, en la que los participantes invirtieron más tiempo en observar
objetos cercanos a sus manos que en observar objetos realmente alejados
de éstas.
Los científicos señalan que este hallazgo indica que nuestro
espacio “peripersonal” puede extenderse al espacio de la imaginación. El
espacio peripersonal es el que está situado alrededor de nuestro
cuerpo, y es descrito por los autores de esta investigación como “una
“burbuja” invisible que se extiende varios centímetros a partir de la
piel en todas las direcciones”.
Esta capacidad, señalan los investigadores, presenta algunas
ventajas, como la posibilidad de determinar, antes de realizarla, si una
acción es o no realista (por ejemplo, ¿puedo llegar a la estantería más
alta?) o para ayudarnos a evitar algunos choques.
Los autores del estudio concluyen que los resultados confirman una
idea que ha sido expuesta durante mucho tiempo por expertos en
motivación, psicólogos deportivos, e incluso por John Lennon: que la
imaginación tiene la extraordinaria capacidad de dar forma a la
realidad.
Algo que conocen muy bien, por ejemplo, los deportistas, que
utilizan la visualización mental para ayudarse a mecanizar, a
automatizar los gestos deportivos y a reforzar sus aptitudes, mejorando
sus propias destrezas deportivas.